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domingo, 25 de julio de 2021

Elecciones deben convertirse en muro de resistencia ciudadana

El magistrado emérito Jorge Rosell y el periodista Jorge Euclides Ramírez, miembros del Frente Amplio Venezuela Libre capítulo Lara, analizan el esquema populista imperante en nuestro país, que consideran útil para el régimen y mortal para la oposición.

En su más reciente artículo de opinión los dirigentes opositores evalúan los escenarios para participar en las elecciones regionales previstas por el oficialismo para el 23 de noviembre, donde proponen la construcción de un proceso unitario, un muro de resistencia ciudadana que sirva de trinchera o bastión institucional para desde allí presionar y luchar por un cambio a nivel de la Presidencia de la Republica.


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Visión de Frente

EL POPULISMO ESTA SEMBRADO EN NOSOTROS


No es solamente que el populismo se hizo Ley en Venezuela sino que se constituyó en la única vía operativa de hacer proselitismo político, al alimentar toda nuestra narrativa con base a fomentar esperanzas de beneficios futuros, dados directa y personalmente a quien apoye con su voto determinada candidatura. Con esta práctica se crearon las grandes plataformas partidistas que soportaron la estructura democrática de la mejor época republicana que hemos tenido, donde logramos éxitos nacionales en economía, cultura, deporte y ejercicio de libertades bajo la custodia de un Poder Judicial de alto nivel profesional soporte de la seguridad jurídica que atraía inversiones extranjeras.

Pero esta contradicción entre el bienestar que daba la superestructura política y su base de sustentación popular inspirada en el clientelismo, se convirtió en un caballo de Troya que fue minando los paradigmas éticos del sistema en pro de un pragmatismo mediante el cual las posiciones de poder y decisión fueron tomadas por la dirigencia que operaba los mecanismos de intercambio de favores por votos, afirmándose de esta manera una jerarquía basada en lealtades ciegas en menoscabo de la indispensable criticidad que empuja la dinámica democrática por caminos de perfectibilidad.

Estas reflexiones pudieran parecer relámpagos lejanos que pueden distraer nuestra visión sobre los escenarios presentes, pero antes bien son la introducción conceptual oportuna y precisa para hacer diagnostico actual de la conflictividad que observamos en la oposición democrática respecto a las elecciones regionales y municipales del próximo noviembre.

El populismo funciona de manera diferente según se esté en el poder o en la oposición. Cuando se practica desde el poder se centraliza y concentra porque el control lo ejerce quien controla la fuente de suministros, cuando se practica desde la oposición dispersa y atomiza porque se trabaja con promesas y expectativas .Para el caso de las elecciones regionales tenemos así un partido de Estado, el PSUV, que centraliza sus dadivas según un sistema piramidal sobre el cual hay control absoluto, mientras que en la oposición, donde se trabaja con promesas, estas se personalizan en las decenas o centenas de candidatos a gobernaciones y alcaldías, generando así un cuadro en el cual vemos un partido oficialista compactado y una oposición dispersa sin un argumento central que unifique y concentre la voluntad de cambio.

Así tenemos que este esquema populista es útil para el régimen y mortal para la oposición. La única manera de centralizar esta disparidad deletérea es modificando el formato clientelar por uno donde las ofertas electorales no sean para obtener una cuota de poder regional o municipal sino para la construcción de un muro de resistencia ciudadana que sirva de trinchera o bastión institucional para desde allí presionar y luchar por un cambio a nivel de la Presidencia de la Republica.

Este argumento unificador, esta propuesta de construir una resistencia ciudadana a partir de gobernaciones y alcaldías, no se ve por ninguna parte y la misma conducta de los dirigentes de la oposición democrática en promover candidaturas propias, en contienda peligrosa para la unidad, demuestra que no hay ese espíritu de cuerpo para asumir las próximos elecciones como un paso hacia la libertad, sino como una meta organizativa para mantener habilitadas las estructuras actuales, sin que ello asome perspectivas para salir del régimen comunista.

Sentimos un profundo temor, una gran desconfianza en ir a unas elecciones en las cuales no se garantice su esencia libre, democrática, regidas por un Consejo Nacional Electoral totalmente plegado a los designios del oficialismo, el cual ha destruido toda posibilidad de diálogo con las últimas medidas de prisión y persecución hacia líderes de la oposición ¿Es una decisión decente participar en el evento electoral sólo para “premiar” a uno que otro candidato de la oposición democrática con un cargo vacío de poder y de propósitos, para contemplar como sustraen sus funciones a través de “Protectores” designados a dedo por el gobierno para continuar su política de usurpación?

Sobre este cuadro situacional muchas voces opositoras tienen graves objeciones y las exponen, incluso calificando la participación como una forma de complicidad para la convivencia con el régimen. Entonces toca superar este dilema y ello pasa de manera obligatoria por un proceso unitario donde las candidaturas se logren mediante un consenso de todos los partidos, hacemos énfasis en el todos, donde haya además acuerdo con los sectores y grupos independientes que están en la vanguardia de la lucha contra los usurpadores. Estos candidatos deben asumir el compromiso de convertirse en líderes de la resistencia ciudadana para desde gobernaciones y alcaldías concentrar y consolidar el sentimiento de cambio que anida en el 90 por ciento de la población por caminos legales y pacíficos.

La pregunta es cómo hacer esto y en tan poco tiempo y la respuesta es fácil. Querer es poder.



Jorge Rosell y Jorge Euclides Ramírez.



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